revolucioneducativa

Si un médico griego de hace 2 mil años llegara a un quirófano actual se moriría de pavor. Pero si un profesor griego de hace 2 mil años entra a un aula de clase hoy, se sentiría en casa.
Con esta alegoría, el doctor en Economía Xavier Sala I Martin señala la imperiosa necesidad de que en Colombia haya una revolución en la educación primaria.

Así lo planteó ayer en Medellín, a donde vino por primera vez, invitado por la Universidad Autónoma Latinoamericana (Unaula), a propósito de sus 50 años, y dictó anoche una conferencia sobre innovación y competitividad en la educación.

“El sistema educativo colombiano está anclado en el siglo XIX y esto retrasa a un país. Se le está enseñando a los niños lo que ya hacen mejor los robots, se les enseña a calcular lo que ya hace mejor un Excel. Las pruebas Pisa evalúan cosas que no debería”, cuestiona este profesor de la Universidad de Columbia (Nueva York), asesor del Foro Económico Mundial y creador de su Índice Global de Competitividad (IGC).

De hecho, en la última medición de ese termómetro del desempeño de los países, Colombia ocupó el puesto 97 entre 140 economías evaluadas en el componente de “salud y educación primaria”.

Habrá que esperar hasta el próximo 28 de septiembre, cuando se publica el IGC 2016-2017 para verificar si hubo avances o retrocesos y si en la medición total Colombia supera el lugar 61 que registró un año atrás.

Educación distinta

Primero con varios medios y luego en diálogo con EL COLOMBIANO, ayer este profesor catalán hizo énfasis en que fomentar la curiosidad salvará la educación: “hay que enseñar para que la gente se pregunte: hoy pasa que un profesor explica, los niños apuntan, memorizan días antes para un examen y dos semanas después no recuerden nada”.

Por eso pone de ejemplo el sistema educativo público de Nueva York, donde desaparecieron los exámenes y se educa por proyectos, que varios profesores acompañan desde distintas áreas. Al final, “las clases son más divertidas”.

—¿Cómo lograr ese cambio educativo?

—No se requiere una reforma educativa, sino una revolución que puede tener dos caminos: venir desde arriba (Gobierno) y con los mismos recursos hacer las cosas distintas, me encantaría que fuera el presidente Santos o su sucesor quien pusiera esa meta de tener la mejor educación del mundo, así como Kennedy fijó la meta de que una década el hombre llegara a la luna.

—¿Y cuál es el otro camino?

La otra revolución vienen desde abajo, con algunos rectores de escuela que deciden cambiar su modelo dentro del mismo sistema, como ya pasa en Finlandia, Estados Unidos y otros países, cada vez son más.

Ahora, si esto no se lleva a cabo, advierte el experto en innovación, se perderán más generaciones: no evolucionarán al ritmo que avanza el mundo, mientras estudian profesiones tradicionales que tienden a desaparecer y no asegurarán su jubilación dentro de cinco décadas con unas competencias en desuso. “Debemos pensar un sistema universitario que en lugar de enseñar profesiones enseñe flexibilidades”, puntualizó.

Impuestos: dos lecciones

De otro lado, y sin anticipar resultados del próximo IGC, Sala I Martin recordó que en las encuestas a empresarios colombianos, en 2015, los impuestos pasaron del sexto al primer lugar como el factor más problemático para hacer negocios en el país, incluso superando la corrupción como mayor problema.

—¿Los altos impuestos están retrasando la competitividad del país?

—El problema no es que los impuestos sean altos o bajos, sino en el uso eficiente de los recursos públicos y decidir qué modelo se quiere: Suecia es uno de los países más competitivos y tiene una de las tasas de impuestos más alta, pero se retribuyen en servicios de calidad; Estados Unidos tiene impuestos más bajos y también es competitivo. Es una discusión nacional elegir el modelo, pero no se puede tener es impuestos como los suecos y beneficios como los de un estado africano.

En ese contexto, Sala I Martin justifica, que frente a una mala administración de dineros públicos, la evasión de impuestos sea un deporte nacional, y pone como ejemplo lo que pasa en su país, España, y los casos recientes de corrupción.

De ahí que el autor del libro “Economía en colores”, haciendo juego con sus llamativas chaquetas, señala: “por qué las empresas no se van de países con altas tasas impositivas, pues porque valoran las contrapartidas que reciben”.

Paz y competitividad

Con la reserva de no entrometerse en el debate nacional del Sí y el No, de cara al plebiscito refrendatorio de los acuerdos con las Farc, el autor considera un error debatir en términos económicos si se quiere paz o no.

“El impacto será mayor en la felicidad, solo espero que se firme y se acabe con esta pesadilla histórica por la felicidad de los colombianos y no por el aumento del producto interno bruto (PIB), pues no habrá un gran salto en crecimiento. Para los empresarios, la paz ya está aquí, lo tienen interiorizado en sus planes”.

—¿Qué puede pasar con la competitividad del país en ese escenario?

—A diferencia de lo que pasaba años atrás, las empresas están viniendo o no, a Colombia por las mismas razones que van o no van, por ejemplo, a Chile: revisan tasas de cambio, infraestructuras y otras condiciones de inversión. Colombia ya es un país razonable.

—¿Y si ganara el no en el plebiscito?

— Sería una sorpresa y las empresas tendrían más incertidumbre para tomar decisiones y habría el temor de volver a un escenario anterior y que desaparezcan las condiciones de seguridad actuales.
Y la “nueva economía”...

Finalmente, el catedrático español le causó curiosidad el discurso propuesto desde el gobierno Santos de una “nueva economía”, que tenga como motores de crecimiento al agro, el turismo y la industria, tras el fin del auge minero-energético y la caída de los precios internacionales del petróleo.

“No es asunto de una nueva o vieja economía, se trata de hacer cosas innovadoras en todos los sectores, tradicionales o de vanguardia. Obsesionarse con uno u otro sector es un error. Ahora todos los países quieren tener un Silicon Valley 2, cuando con una aguja creada hace 40 mil años Amancio Ortega inventó a Zara y es uno de los hombres más ricos del mundo”.

Y en el caso de Colombia señaló con desenfado que “vendiendo granitos de café” no se generara más riqueza que la creada por unos profesores de inglés, francés y poesía que en Seattle (Estados Unidos), donde no crece un cafeto, crearon lo que hoy es Starbucks: “Colombia debe preguntarse por qué no ha creado aquí un Zara o un Starbucks”, concluyó.


Fuente: ElColombiano